viernes, 16 de agosto de 2019

Murió Tamara Castro en una ruta de Santa Fe


Como tantos otros talentosos del folclore argentino, Tamara Castro, quien falleció ayer en un choque, eligió el camino más esforzado y quizás el más valioso para difundir sus canciones, recorriendo desde hace más de 20 años peñas, clubes y festivales populares de todo el país. Así la encontró la muerte en la mañana de ayer, justamente cuando viajaba junto a tres compañeros hacia el encuentro de su público en la localidad bonaerense de Chivilcoy, donde anoche tenía previsto ofrecer un recital, como parte de una gira que inició hace días y que anteayer la había llevado a la provincia de Santa Fe. El accidente ocurrió en la ruta provincial 13, a 40 kilómetros de la ciudad santafesina de Rafaela, entre las localidades de Humberto Primo y Ataliva, cuando la camioneta en la que viajaba la artista chocó de frente con un automóvil ocupado por cuatro personas, tres de las cuales perdieron la vida. Tamara y sus acompañantes viajaban en una camioneta Peugeot Partner hacia Chascomús -donde recogerían a la secretaria de su representante- y luego seguirían viaje rumbo a Chivilcoy. Fuentes policiales indicaron que Castro y tres de los ocupantes del Fiat Palio que chocó contra su camioneta fallecieron en el acto, en tanto que las otras cuatro personas sufrieron heridas y fueron derivados a hospitales de la zona. ENSENADA Y BRANDSEN Nacida el 4 de diciembre de 1972 en Ensenada, la cantante y guitarrista se crió y pasó toda su vida en Coronel Brandsen, donde a los 3 años empezó a concurrir a clases con Oscar Murillo y Mabel Pimentel, fundadores del Ballet Brandsen. La cantante, que por cierto espíritu estético y actitud generacional pertenece a la denominada "nueva camada" del folclore argentino, pasó su niñez y adolescencia haciendo danzas, participó de un coro, hizo teatro, además de tocar en la la Banda Municipal de Brandsen. A los 11 años recibió su primera guitarra y a los 12 ya participaba en peñas y festivales locales, hasta que a los 17 participó en el festival regional de City Bell, donde obtuvo el primer puesto solista vocal femenino. Ese fue el puntapié inicial para una carrera exitosa basada en su talento para componer y cantar folclore, pero también en la fuerza y la perseverancia para recorrer sin descanso, desde entonces y hasta la fecha, cientos de certámenes municipales, provinciales y nacionales. A los 20 años, luego de terminar sus estudios secundarios, viajó a la capital federal para asistir al Instituto Nacional Superior del profesorado de Folclore y conoció a Jorge Milikota, compositor y músico con quien empezó a grabar demos y comenzó a presentarlos en público. Tocando en una parrilla de General Rodríguez para ganarse la vida, fue descubierta por Titán Amorena (dueño del sello DBN), quien le hizo firmar su primer contrato para una discográfica, hecho del cual en 1998 nació "Pasiones", su primer disco. Ese mismo año actuó por primera vez en el escenario mayor del Festival de Cosquín y también lo hizo en el Festival de Baradero, donde presentó sus canciones con muy buena acogida del público, sus colegas y la prensa especializada. En 1999, luego del moderado éxito de "Pasiones", editó su disco "Revelaciones", al que siguieron "Resplandor" (2000), "Lo mejor de mí" (2002), "Endechas" (2004) y "La Patria digna" (2005). En esos álbumes demostró que, junto a ritmos propios del folclore argentino, como la zamba, la chacarera, el gato, los valsecitos y el takirari, podía teñir a las letras y la poesía de sus canciones con preocupaciones y palabras de un alto contenido social.

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